CRECE EL NÚMERO DE PERSONAS DE ENTRE 30 Y 40 AÑOS CON PROBLEMAS AUDITIVOS POR EL USO ABUSIVO DE AURICULARES

Vivimos en sociedades cada vez más ruidosas y consecuentemente cada día es mayor el número de personas con problemas auditivos. Y también más jóvenes. Hace quince o veinte años, la mayoría de las personas que consultaban al especialista del oído eran mayores de 60 años. Últimamente está creciendo de forma ostensible el número de personas de 30 a 40 años con problemas de audición, y los expertos creen que el uso constante de auriculares (teléfonos móviles, MP3…) tiene mucho que ver con ello.

Los sonidos normales, e inocuos, para el oído humano están entre los 40 y los 60 decibelios. La mayoría de los auriculares de los dispositivos multimedia actuales pueden alcanzar los 120, un volumen similar al que produce una motocicleta, un taladro industrial, un concierto de rock, el interior de una discoteca… 120 decibelios es el doble de volumen que el de una conversación normal entre dos o tres personas, que no pasa de 50-60 decibelios. 115-120 decibelios están en el umbral de lo sostenible por el oído humano, que no debería recibir semejante ruido más de 30 segundos al día.

Pero es que ya a partir de 85 decibelios, si la exposición es constante o bastante prolongada, pueden producirse daños irreversibles en el oído humano. Y son muchos los jóvenes (y no tan jóvenes) que escuchan sus auriculares a ese volumen. Dos horas al día a 80-85 decibelios pueden pagarse muy caras a medio, largo plazo. Diversos estudios han demostrado que el uso de los auriculares a esos volúmenes durante seis meses a razón de 8 horas diarias (hay quien llega a esas marcas) puede producir una sordera permanente, para siempre.

Además del volumen, ocurre que el auricular se encuentra dentro de la oreja, las ondas vibratorias no tienen escape y el sonido se concentra directamente en el tímpano, de forma que, poco a poco, se van dañando las células del oído medio y del oído interno. Y como este proceso es lento y (salvo exposiciones durísimas) no produce dolor, apenas nos damos cuenta. Algunos síntomas de que algo falla en el oído es la necesidad de subir el volumen del televisor o de la radio por encima de lo que es audible y normal para otras personas, el pedir al interlocutor que hable más alto, el hablar a otra persona al oído y con voz alta…

Mucho ojo, pues, al oído.

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