Queda poco para que termine el 2025 y, como suele ocurrir en estas fechas, vuelven las prisas, los recordatorios de última hora y también la confusión. En este sentido, uno de los temas que más dudas está generando este final de año entre las personas conductoras es el de las ya famosas balizas V16, llamadas a sustituir definitivamente a los tradicionales triángulos de emergencia.
El problema no es la medida en sí, que busca mejorar la seguridad vial. El problema es cómo se ha comunicado. Porque no todas las balizas V16 valen, porque muchas de las que se han vendido durante años dejarán de servir, y porque buena parte de la ciudadanía no tiene claro qué debe comprar, cuándo y en qué condiciones.
Desde EKA/ACUV creemos que es momento de poner orden, aclarar conceptos y señalar responsabilidades.
¿Qué son las balizas V16 y por qué se introducen?
Las balizas V16 son dispositivos luminosos que sirven para señalizar una avería o un accidente en la vía. Su principal ventaja frente a los triángulos es que permiten advertir del peligro sin necesidad de bajar del vehículo, reduciendo así el riesgo de atropello, especialmente en carreteras de alta velocidad.
Colocadas sobre el techo del coche, emiten una luz visible a gran distancia y alertan al resto de conductores de una situación de emergencia. Hasta aquí, el objetivo es claro y compartido: mejorar la seguridad.
No todas las balizas V16 sirven: este es el punto clave
Aquí empieza la confusión.
Aunque todas se llamen “V16”, no todas las balizas son iguales ni todas servirán en el futuro. A partir del 1 de enero de 2026, solo serán válidas las balizas V16 conectadas, es decir, aquellas que:
- Están homologadas oficialmente por la DGT.
- Incorporan conectividad integrada para enviar la ubicación del vehículo a la plataforma DGT 3.0.
- Funcionan sin necesidad de móvil, apps o suscripciones externas.
- Garantizan conectividad durante varios años.
Muchas de las balizas que se han vendido hasta ahora no cumplen estos requisitos, aunque se comercialicen como V16. Y este matiz no siempre se ha explicado de forma clara.
Fechas importantes: qué es obligatorio ahora y qué lo será después
Conviene dejarlo muy claro:
- Hasta el 31 de diciembre de 2025: Se pueden seguir utilizando triángulos de emergencia o cualquier baliza V16, esté conectada o no.
- A partir del 1 de enero de 2026: Solo serán legales las balizas V16 conectadas y homologadas por la DGT. Los triángulos dejarán de ser válidos.
Una comunicación deficiente que genera confusión y gasto innecesario
Desde EKA/ACUV consideramos que la gestión informativa de este cambio ha sido, como mínimo, mejorable. Durante años se ha permitido la venta masiva de dispositivos que ahora quedarán obsoletos, sin explicar de forma comprensible que no servirían a medio plazo.
El resultado es que muchas personas han comprado balizas de buena fe, pensando que cumplían la normativa futura, y ahora descubren que tendrán que volver a gastar entre 35 y 60 euros.
No es razonable exigir responsabilidad individual cuando la información institucional ha sido ambigua, fragmentada o tardía. La seguridad vial no puede apoyarse en mensajes confusos ni en campañas a medio explicar.
Qué recomendamos desde EKA/ACUV
Ante este escenario, nuestro consejo es claro:
- No comprar a ciegas una baliza V16 solo porque “lo dice la DGT” o porque “ya es obligatoria”.
- Comprobar siempre que el dispositivo:
- Está en el listado oficial de balizas homologadas.
- Indica expresamente que es conectado.
- Si ya se ha comprado una baliza que no servirá a partir de 2026:
- Revisar la política de devolución.
- Conservar tickets, facturas y publicidad.
- Desconfiar de mensajes alarmistas o de última hora que no explican bien los plazos.
Seguridad sí, pero con información clara y honesta
Las balizas V16 pueden suponer un avance real en seguridad vial. Pero para que eso ocurra, es imprescindible que las personas consumidoras tengan información clara, veraz y a tiempo.
De lo contrario, lo que se genera no es prevención, sino confusión, desconfianza y gasto innecesario.
Desde EKA/ACUV seguiremos vigilantes para que los cambios normativos no se traduzcan en perjuicios evitables para la ciudadanía y para que, cuando se exijan obligaciones, se haga también un esfuerzo real por explicar bien las reglas del juego.
