Gimnasios a comienzos de año: alta fácil, baja imposible y otras trampas

Ene 27, 2026 | Blog, Ocio

Enero (que ya está terminando) es el mes de los buenos propósitos. También es el mes en el que miles de personas se apuntan a un gimnasio convencidas de que, esta vez sí, van a mantener la rutina. El problema es que, semanas después, cuando muchas de esas personas intentan darse de baja, descubren algo inquietante: apuntarse fue sencillo, irse es una odisea.

Desde EKA/ACUV llevamos tiempo detectando un patrón que se repite con demasiada frecuencia. Gimnasios que ponen trabas para cancelar la suscripción, que imponen penalizaciones desproporcionadas o que siguen cobrando cuotas incluso después de haber solicitado la baja. La lógica parece clara: hacer fácil la entrada y difícil la salida.

Y no. No todo vale, aunque lo ponga un contrato.

Permanencias que no siempre son legales

Uno de los primeros problemas aparece con las cláusulas de permanencia. Muchos gimnasios obligan a compromisos de seis, nueve o doce meses, presentados como algo normal e inevitable.

La ley permite este tipo de compromisos solo en determinadas condiciones: deben estar justificados, ofrecer una ventaja económica real a la persona consumidora y ser proporcionados. Es decir, no basta con imponer una permanencia porque sí.

En la práctica, nos encontramos con permanencias largas sin descuentos reales, con penalizaciones abusivas por marcharse antes de tiempo y con contratos en los que la duración del compromiso aparece escondida en la letra pequeña. En estos casos, estamos ante cláusulas que pueden ser abusivas y, por tanto, nulas.

Darse de baja no puede ser una carrera de obstáculos

Otra de las trampas más habituales es el procedimiento de baja. Algunos gimnasios exigen acudir en persona, rellenar formularios interminables o avisar con 30 días de antelación aunque se pague mes a mes.

Aquí la normativa es clara: el proceso de baja no puede ser más complicado que el de alta.

Si te diste de alta por internet, por email o mediante una app, deben permitirte cancelar por esos mismos canales. Poner barreras artificiales para impedir la baja no es una “política interna”: es una práctica abusiva.

Penalizaciones encubiertas y multas disfrazadas

Cuando una persona consigue finalmente solicitar la baja, aparece a menudo el siguiente problema: las penalizaciones.

Cobros de varios meses “de castigo”, pérdida de la matrícula, exigencia de pagar toda la permanencia restante o recargos automáticos por irse antes de tiempo. Todo ello se presenta como algo normal, casi como si fuera una ley natural del sector.

Pero no lo es.

La legislación de consumo prohíbe las penalizaciones manifiestamente desproporcionadas. Por ello, un gimnasio solo puede reclamar un daño real y acreditado, no puede fijar una multa estándar sin relación con ningún perjuicio concreto.

Cuando la penalización no guarda proporción con un daño real, estamos ante una cláusula reclamable.

Renovaciones automáticas: no pueden hacerse en silencio

Otro clásico: contratos que se renuevan automáticamente al terminar el periodo inicial, sin aviso previo ni información clara.

La empresa está obligada a informar de que existe renovación automática, a avisar con antelación suficiente y a explicar de forma comprensible cómo cancelar antes de que se active el nuevo periodo.

Si no lo hacen, esa renovación puede ser impugnable. Y seguir cobrando después de ese punto no es legal.

¿Pueden seguir cobrándote después de pedir la baja?

La respuesta es simple: no.

Si has solicitado la baja correctamente y dentro del plazo, el gimnasio no puede seguir pasando recibos, no puede exigir nuevos pagos y no puede amenazarte con ficheros de morosos por negarte a pagar.

Si lo hacen, estás ante un cobro indebido. Y tienes derecho a devolver los recibos, reclamar por escrito y exigir la devolución de lo cobrado de más.

Qué hacer si tu gimnasio te está poniendo problemas

Desde EKA/ACUV recomendamos actuar con cabeza:

  • Guardar todas las comunicaciones (emails, capturas, formularios).
  • Solicitar siempre la baja por escrito.
  • No pagar penalizaciones sin asesoramiento previo.
  • Revisar el contrato con calma.
  • Reclamar si hay cobros indebidos.

La conclusión es clara: un gimnasio no puede retenerte por la fuerza económica. No puede impedirte irte, castigarte de forma desproporcionada ni seguir cobrándote cuando ya no usas el servicio.

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